El Budismo en China

Hay tres grandes escuelas de budismo en China: el budismo Han, el Tibetano y el Theravada del Sur. Sobre la introducción del budismo Han en China, se cuenta que el emperador Ming de la dinastía Han Oriental soñó una noche con un hombre de cuerpo dorado y una aureola tras la cabeza levitando libremente por la sala de su palacio. 

En el tercer año de Yongping en la dinastía Han Oriental (60 d.C.), el emperador Ming tuvo un sueño: vio una figura dorada con un círculo de luz alrededor del cuello que volaba libremente por encima del palacio de la corte imperial. A la mañana siguiente, cuando la corte estaba reunida, el emperador convocó a todos los funcionarios para contarles el sueño. Fu Yi, el historiador imperial, dijo: “En tiempos del rey Zhou Zhao (c. 1027 – 977 a.C.) hay constancia de la aparición de un sabio en el Oeste, cuyo cuerpo medía un metro ochenta y estaba cubierto de oro; el hombre dorado visto en el sueño de Su Majestad puede ser el Buda.” El doctor Wang Zun pensó lo mismo y añadió que, según los registros, las enseñanzas de Buda llegarían a China dentro de mil años tras los sucesos de Zhou Zhao, exactamente el tiempo que había pasado hasta entonces. El emperador Ming quedó encantado al oír esto. A partir de entonces, esperó día y noche la llegada de las enseñanzas de Buda. Sin embargo, pasaron varios años sin noticias. En el séptimo año de Yongping (64 d.C.), el emperador Ming envió a dieciocho sabios ministros de su corte, entre ellos Cai Yun, Qin Jing y Wang Zun, al Oeste en busca de las enseñanzas de Buda.

En su marcha hacia el Oeste, estos dieciocho hombres pasaron por el Reino Yuezhi y se encontraron con dos monjes indios: Kasyapa Matanga y Dharmaratna. Qin Jing y los demás enviados les explicaron respetuosamente su propósito y luego invitaron a los dos venerables monjes a ir con ellos a China para divulgar el Dharma. Así que los dos monjes trajeron a China los sutras, estatuas y reliquias de Buda en caballos blancos. Llegaron a Luoyang el décimo año de Yongping (67 d.C.).

Según la leyenda, la estatua de Buda que trajeron, la cuarta estatua de Buda hecha por el rey Udayana, tenía la misma forma que el hombre dorado del sueño del emperador Ming. Cuando la vio, quedó tan conmovido que instaló a los dos monjes indios en el templo Honglu, donde recibía a sus invitados más nobles. Al año siguiente, el emperador promulgó un edicto para construir un templo frente a la Puerta de Yongmen, en el oeste de la ciudad, para albergar a los dos maestros y traducir las escrituras budistas, en lo que hoy es el Templo del Caballo Blanco de Luoyang, abriendo así un nuevo capítulo en la historia del budismo chino.

Durante las dinastías Sui y Tang, el budismo Han alcanzó su apogeo, llegando a desarrollarse en muchas escuelas y a extenderse en Corea, Japón y Vietnam. Dentro de las múltiples corrientes, las ocho escuelas chinas más importantes son: la de los Tres Tratados (también conocida como Escuela de la Naturaleza del Dharma), la del Yoga (también conocida como la Escuela de la Sangha del Dharma), la Tiantai, la Huayan (también conocida como Guirnalda de Flores), la Zen, la de la Tierra Pura, la Ritsu y la Tántrica (también conocida como la Escuela de la Palabra Verdadera). Entre ellas, la corriente Zen y la del Budismo de la Tierra Pura son las más extendidas en China.

En los dos mil años transcurridos desde su introducción en China, el budismo ha seguido integrando y complementando su cultura confuciana y el taoísta, estableciendo un sistema híbrido con características chinas. El Budismo Mahayana chino ya es considerado uno de los principales pilares de la cultura tradicional china.